Razones del corazón que la razón entiende.

Creo que el mundo está muy equivocado en muchas cosas, pero quizás en el amor es en lo que más.

Nunca dejará de sorprenderme la de significados que le damos los adultos a esa palabra, cuando es un concepto que tenemos bastante claro cuando somos pequeños.

Probablemente se deba a la de experiencias que hemos vivido, a las traiciones y los desengaños. Y es que la mayoria de las veces lo que parece ser amor en realidad no lo es.

San valentín es el dia del amor pero, de todos los amores que se celebran, ¿Cuántos creen que son verdaderos? Y no digo que todas las parejas realmente no se quieran, pero sí dudo de si en realidad se aman.

Porque amar, al contrario de lo que muchos creen, es una decisión racional que se toma con el corazón. Y pensarás: “El amor no es racional” Pues te equivocas. El corazón también tiene sus razones que no siempre están en desacuerdo con la razón. 

¿Y por qué digo esto?

Porque en estos tiempos donde todo va a la velocidad del rayo, estamos acostumbrados a recibir la gratificación inmediata. Lo queremos. Y lo queremos ya. Sin darnos cuenta que las mejores cosas de esta vida solo se obtienen mediante la cosecha constante y la paciencia para ver los frutos. Y si esto no lo entendemos, da igual todo lo demás, porque no seremos capaz de tener relaciones duraderas.

Y el amor, querida, consiste en el acto de amar. Tan simple como eso. Amar no es estar enamorado, pues el enamoramiento en sí no es más que un sentimiento, una sensación. Y como tal, es efímera y transitoria. Nos ponemos nervisos, revolotean mariposas y mostramos nuestra mejor cara.

Y después…todo se va, bajando así la intensidad. Vemos los defectos del otro y empiezan a aparecer las cosas que detestamos. Los malos momentos, las crisis, las discusiones… Entonces es cuando nos planteamos no estar enamorados y decidimos volver a salir en busca de nuevos corazones que nos conquisten. 

Qué equivocado está el mundo al pensar que el amor consiste en algo tan efímero como el enamoramiento. 

Porque amar es apoyarse, remar en la misma dirección, ser un equipo y superar todas y cada una de las diferencias. Amar es tomar la decisión de quedarnos cuando las cosas van mal y eso, querida, solo lo hacen los valientes.

“Cuando éramos jóvenes, tu padre y yo discutíamos mucho. Él tiene ese carácter de volcán, una vez en erupción ya no hay vuelta atrás. Así que me harté, llamé a tu abuelo y me dijo que me cogiera un taxi de la época desde aquí hasta mi pueblo. Recuerdo que durante toda la noche, en el camino, no podía parar de llorar. 

Al día siguiente, estaba tu padre en la puerta de mi casa diciendome lo mucho que me quería. “

A ver si lo he entendido bien.

Permanecí a tu lado durante años y eso ya, no fue nada fácil. Cada día tomaba la decisión de quedarme frente a la opción de irme para no volver. Pero ahí seguía luchando por ti, por mi, por nosotros… Y eso es difícil cuando tú eras el enemigo número uno. 

Pero me esforzaba. Y lo volvería a hacer. No lo debería haber hecho, sí, pero no me arrepiento. Es lo que tiene seguir a tu corazón. Y él me decía que te ayudara a enseñarte todo lo que yo creía saber para que llegaras a ser la mejor versión de tí mismo. Que con un poco de cariño llegarías algún día a ver lo que yo veía. Solo necesitaba tiempo. Tiempo para que crecieras y experiencias para que me valorases.

Y por fin, pasados los seis años, cuando todo parecía que iba viento en popa y los engranajes no chirriaban, ocurre el peor momento de mi vida. La peor situación que yo podría tener: Entra un tsunami metafórico por mi casa que arrasa con todo y me lo pone patas arriba. 

Y ahora a ordenar. Y ordenar significa coger las riendas y responsabilizarte de cuestiones que no sabías ni que existían. Un cómo lo hago continuo. Pero lo haces, porque o lo haces tú o no lo hace nadie. Porque lo tienes que hacer, por los que te dieron la vida. Y encantada me dispuse a ello. Y lo volvería a hacer. Claro que la desolación y el miedo inundaron mi cuerpo, claro que necesitaba más de un abrazo diario, claro que huniera agradecido poder llorar sobre tu pecho, claro que la paciencia y el cariño en ese momento y ahora, lo necesito yo.

Y justo ahí, en mitad del desierto y sedienta, tuviste la cobardía de abandonarme y llevarte el agua que me salvaría la vida.

Y te vas. Y me dejas. Porque de repente no sabes lo que sientes. Porque de repente no estás ilusionado. Porque de pronto, no te hago feliz. Normal. No podía darte felicidad, porque yo no estaba feliz. No podía darte ilusión, porque yo no estaba ilusionada. Porque necesitaba que tú, por una vez, me tendieras la mano, como yo lo hice durante seis años.

Y no solo eso. Que por si no fuera suficiente decides venir a buscarme pero sin volver. Dices necesitar estar solo, pero en soledad me lloras. Dices no ser feliz a mi lado, pero sin mi no encuentras la felicidad. Dices no sentir lo sufiente, pero te envenenas solo de pensar que otro pueda tocarme. 

Dices que es mejor no pensar y que el tiempo lo ponga todo en su lugar. Pero mientras tanto decides verme y así recordarme lo que no puedo tener.

Así que sí. Si me quieres crucificar, hazlo. Si quieres condenarme, hazlo. Soy culpable. Culpable de aceptar el agua de otra persona cuando estaba sedienta en mitad del desierto y tú decidiste abandonarme.

¿Qué esperabas? ¿Que siguiera esperandote?

¿Por qué?

 Nunca había tenido esta enorme necesidad de un abrazo. Pero no un abrazo cualquiera, sino de unos brazos especiales, como los que creí que eran los tuyos. Ahora que lo sé, no sé dónde están esos brazos que mi cuerpo me está pidiendo. Pero si que los tuyos eran los más parecidos.

No sé qué está pasando. Por qué me siento tan sola, a pesar de estar rodeada de gente. Por qué estoy cambiando. Por qué busco insaciablemente esa alma y ese cuerpo hecho a medida para mí. Por qué me muero por recostarme en un pecho especial, por unas caricias especiales, por un beso en la frente de unos labios especiales.

Por qué no me vale cualquier espalda, cualquier mirada, cualquier gesto. 

¿Por qué? Si sé que ya, no eres tú el amor de mi vida. Si ya sé, que tú no eres para mi…

¿Por qué no puedo sentirme igual de bien con otro cuerpo que no sea el tuyo? Es una putada esto que me has hecho; Has dejado en mí un hueco que no puedo rellenar.

¡Es natural!

No te preocupes. O mejor sí, preocúpate. 

Preocúpate porque algún día esta mierda va a reventarnos en toda la cara cual ZASCA.¿Hasta dónde vamos a llegar con esta mentira? Y digo “vamos”, porque sé que no soy la única a la que le duele el corazón. 

Nos esforzamos en mostrar nuestra mejor cara al mundo, la que hemos creado, la superficial. La de las sonrisas y los “me da igual”. La de la felicidad, término que llevamos a la práctica de una forma muy alejada de lo que es en realidad.

Nos han vendido ese optimismo de mierda, no sé quién… O no, tal vez no nos vendieron nada, tal vez es un virus que se ha propagado como la pólvora entre nosotros. Algo así como un apocalipsis zombie pero sonriendo y cagando purpurina. Y entre unicornios y arcoiris, vamos escondiendo el dolor, la frustración, la ira, los celos, el desamor… Sin darnos cuenta de que esas emociones también forman parte de nosotros. Y no pasa nada, ¡Es natural!.

Es como cuando te levantas por la mañana y te dicen”Buenos días! Hoy es un maravilloso día para cumplir tus sueños, vamos a por el lunes! :D”   

Pero…¡¿Qué cojones?! ¡Buenos días tu puta madre! ¡A mí ni me hables!

 ¡Y no pasa nada, es natural! 

Vamos joder, no te creas este puto mundo de color de rosa. No todo es lo que parece, ni es oro todo lo que reluce. Todos estamos jodidos. No sé quién ni por qué, pero estamos en este mundo y tenemos una vida, así que haz algo grande, construye, defínete y, sobretodo, no dejes que te engañen. 

Ah! Y cágate en la puta madre de quien te de los buenos días por las mañana, que no pasa nada… ¡Es natural!

Las galletas nunca saben a pan

Para un momento. En serio, para. Y en broma riéte. En broma sigue mirando a tu cámara selfie y sonríe. 

Relax, yo no se lo diré a nadie. Tú sigue tomándote a broma tu relación, o relaciones, o quedadas esporádicas, o los quedar por quedar. Porque sí, porque bueno, porque a falta de pan buenas son galletas.

Pues no. En broma sí, pero si quieres hablar en serio, no es así. Las galletas nunca saben a pan. Lo sabes tú, lo saben ellos y lo sé yo. Si, no es un secreto, sabemos que anhelas amor por cada uno de tus poros. Tú, éllos y yo. Y ninguno lo tiene. Preciosa paradoja. Época de desamor, de confundir sexo con amor, de no escuchar, de no luchar. Pero queremos que nos amen, que nos escuchen, que luchen por nosotros. Estamos tan rotos que el camino que hemos escogido consiste en tirarse a la bartola, y quien me quiera que se lo curre y me recomponga.

Mientras tanto me conformo con lo que hay, un perfil de tinder, un polvo aqui contigo, una noche allí con mi jefe el casado, una pareja estable porque bueno, ya me conoce y me aguanta, porque me lo perdona todo, porque al fin y al cabo el amor no existe, porque ya tengo una edad, porque qué pereza empezar otra vez de nuevas, porque me ayuda a pagar el alquiler, porque ya tenemos a alguien y eso es lo que importa…Porque, porque.

Porque, en serio, tenemos miedo, porque nos escondemos, porque “no vaya a ser que”, porque yo he sufrido mucho, porque fui un angelito y me la jugaron, porque ya no me fio, porque los tiempos han cambiado, porque el amor es cosa de nuestros padres y abuelos, porque las redes sociales nos lo ponen muy fácil, porque ya no hay mujeres de un solo hombre y porque ya no hay hombres de una sola mujer. Porque, porque.

Pero en broma, tú sigue anhelandolo en silencio, sonríe, que no se te note, que nadie se entere. Confia en mi, que yo no se lo digo a nadie.